Entrevista con António Alves Martins

Entrevista concedida a António Alves Martins en la Revista Portuguesa, nº 23/24 del 13/10/1923


El escritor Fernando Pessoa nos expone sus ideas sobre diversos aspectos del arte y la literatura portuguesas.

Entrevistar a Fernando Pessoa no es fácil. Sólo es fácil entrevistar a los que no piensan, a los que no les importa lanzar palabras al azar, arrojándolas impúdicamente al viento.

Fernando Pessoa, ya sea como Fernando Pessoa, ya sea como Alvaro de Campos, el ingeniero alucinado que comporta su segundo yo, y que aparece en todas partes, hinchiendo la voz de loores y rayos para la Vida –¡Rayos partan la vida y a quien por ella ande!- es siempre un voluptuoso del raciocinio, un amante de la inteligencia, podemos decir: un creador de una nueva Razón. ¿Paradojal? Sin duda. ¡Pero hay tantas maneras de ser paradojal!

La entrevista que sigue, toda escrita por Fernando Pessoa, como no podía dejar de ser, visto que Fernando Pessoa posee una sintaxis propia para la lógica propia de sus pensamientos, mezcla de seriedad e ironía, seguramente va a capturar el espíritu de los lectores...

¡Atención! Fernando Pessoa va responder a las preguntas que le hicimos:

– ¿Qué piensa de nuestra crisis? ¿De sus aspectos práctico, moral y intelectual?

– Nuestra crisis proviene, esencialmente, del exceso de civilización de los incivilizables. Esta frase, como todas que envuelven una contradicción, no envuelve contradicción ninguna. Explico. Todo pueblo se compone de una aristocracia y de él mismo. Como el pueblo es uno, esta aristocracia y este él-mismo tienen una sustancia idéntica; se manifiestan, sin embargo, diferentemente. La aristocracia se manifiesta como individuos, incluyendo algunos individuos amadores; el pueblo se revela todo él como un solo individuo. Sólo colectivamente el pueblo no es colectivo.

El pueblo portugués es, esencialmente, cosmopolita. Nunca un verdadero portugués fue portugués: siempre fue todo. Ahora bien, ser todo en un individuo es ser todo; ser todo en una colectividad es no ser nada cada uno de los individuos. Cuando la atmósfera de la civilización es cosmopolita, como en el Renacimiento, el portugués puede ser portugués, puede por tanto ser individuo, puede por lo tanto tener aristocracia. Cuando la atmósfera de la civilización no es cosmopolita –como en el tiempo entre el fin del Renacimiento y el principio, en que estamos, de un Renacimiento nuevo– el portugués deja de poder respirar individualmente. Pasa a ser tan sólo portugueses. Pasa a no poder tener aristocracia. Pasa a no pasar. (Le garantizo que estas frases tienen una matemática íntima.)

Ahora bien, un pueblo sin aristocracia no puede ser civilizado. La civilización, sin embargo, no perdona. Por eso ese pueblo se civiliza con lo que puede disponer, que es su conjunto. Y como su conjunto es individualmente nada, pasa a ser tradicionalista y a imitar al extranjero, que son las dos maneras de no ser nada. Es claro que el portugués, con su tendencia a ser todo, forzosamente había de ser nada de todas las maneras posibles. Fue en este vacío de sí mismo que el portugués abusó de civilizarse. Está en esto, como le dije, la esencia de nuestra crisis.

Nuestras crisis particulares proceden de esta crisis general. Nuestra crisis política es que somos gobernados por una mayoría que no hay. Nuestra crisis moral es que desde 1580 –fin del Renacimiento en nosotros y de nosotros en el Renacimiento– dejó de haber individuos en Portugal para haber sólo portugueses. Por eso mismo acabaron los portugueses en esa ocasión. Fue entonces cuando comenzó el portugués a la portuguesa, que es más moderno que el portugués y es el resultado de estar interrumpidos los portugueses. Nuestra crisis intelectual es simplemente el no tener conciencia de esto. Respondí, creo, a su pregunta. Si repara bien en lo que le dije, verá que tiene un sentido. Cuál, no me compete a mí decirlo.

– ¿Qué piensa de nuestros escritores del momento, prosistas, poetas y dramaturgos?

– Citar es ser injusto. Enumerar es olvidar. No quiero olvidar a nadie de quien no me acuerde. Confío al silencio la injusticia. El ansia de ser completo lleva a la desesperación de no poder serlo. No citaré a nadie. Júzguese citado quien se juzgue con derecho a serlo. Exceptúo así todos. Me lavo las manos, como Pilatos; me las lavo, sin embargo, inútilmente porque es siempre inútilmente que se hace un gesto simplificador. ¿Que sé yo del presente, salvo que ya es futuro? ¿Quiénes son mis contemporáneos? Sólo el futuro lo podrá decir. Coexiste conmigo mucha gente que vive conmigo apenas porque dura conmigo. Esos son apenas mis coterráneos en el tiempo; y yo no quiero ser defensor del barrio en materia de inmortalidad. En la duda, repito, no citaré a nadie.

– ¿Estaremos frente a un renacimiento espiritual?

– Estamos tan desnacionalizados que debemos estar renaciendo. Para los otros pueblos, en su totalidad ellos-mismos, desnacionalizarse es perderse. Para nosotros, que no somos nacionales, desnacionalizarse es encontrarse. A pesar de los grandes obstáculos a nuestra regeneración –todas las doctrinas de regeneración– estamos en el inicio de volver a comenzar a existir. Llegamos al punto en que colectivamente estamos hartos de todo e individualmente hartos de estar hartos. Nos extraviamos a tal punto que debemos estar en el buen camino. Las señales de nuestro resurgimiento próximo están patentes para los que no ven lo visible. Son el camino de hierro de Antero a Pascoaes y la nueva línea que está casi construida. Hablo en términos de vida metálica porque la época renace en estos términos. El símbolo, sin embargo, nació antes de los ingenieros.

Nada hay que esperar, es cierto, de las clases dirigentes, porque no son dirigentes; y todavía menos del proletariado, porque ser inferior no es una superioridad. Con razón los llamé subgente en un artículo de la antigua Águia, de la Águia que volaba. Sólo la burguesía, que es la ausencia de clase social, puede crear el futuro. Sólo de una clase que no existe puede nacer una clase que no existe todavía. Sea como fuere, avancemos confiadamente. Todos los caminos van dar al puente cuando el río no tiene ninguno.

– ¿Qué se debe entender por arte portugués? ¿Concuerda con este término? ¿Hay arte verdaderamente portugués?

– Por arte portugués debe entenderse un arte de Portugal que nada tenga de portugués, por ni siquiera imitar lo extranjero. Ser portugués en el sentido decente de la palabra, es ser europeo sin la mala educación de la nacionalidad. Arte portugués será aquel en que Europa –entendiendo por Europa principalmente Grecia antigua y el universo entero– se mire y se reconozca sin acordarse del espejo. Sólo dos naciones –la Grecia pasada y el Portugal futuro– recibieron de los dioses la concesión de ser no sólo ellas sino también todas las otras. Llamo a su atención hacia el hecho, más importante que geográfico, de que Lisboa y Atenas están casi en la misma latitud.

– ¿El regionalismo, en la literatura y en la pintura?

– El regionalismo es una degeneración grasienta del nacionalismo y el nacionalismo también. Y como el nacionalismo es antiportugués (siendo bueno, acá en el Sur, sólo para los pueblos latinos y ibéricos), el regionalismo en Portugal es una enfermedad de lo que no hay. Amar a nuestra tierra no es gustar de nuestra quinta. Y esto de quinta también tiene interpretaciones. Mi quinta en Lisboa está al mismo tiempo en Lisboa, en Portugal y en Europa. El buen regionalismo es amarla por estar en Europa. Pero cuando llego a este regionalismo, soy ya portugués, y ya no pienso en mi quinta. (El hecho de ser mi quinta enteramente metafórica no disminuye la verdad de todo esto: Dios, y el propio universo, son metáforas también.)

– ¿Han existido en toda nuestra historia literaria períodos de creación?

– Nuestro único período de creación fue dedicado a crear un mundo. No tuvimos tiempo para pensar en eso. El propio Camões no fue más que lo que olvidó hacer. Os Lusíadas es grande, pero nunca se escribió a valer. Literariamente, el pasado de Portugal está en el futuro. El Infante, Albuquerque y los otros semidioses de nuestra gloria esperan todavía su cantor. Este podrá no hablar de ellos; basta que sea digno de ellos en su canto, y hablará de ellos. Camões estaba muy cerca para poder soñarlos. En las faldas del Himalaya el Himalaya es sólo las faldas del Himalaya. Es en la distancia, o en la memoria, o en la imaginación que el Himalaya es de su altura, o tal vez un poco más alto. Hay un sólo período de creación en nuestra historia literaria: no llegó todavía.

– ¿Continuará siendo el lirismo nuestra forma literaria predominante?

– Hay dos formas literarias: la épica y la dramática. El lirismo es la incapacidad conmovida de tener alguna de ellas. ¿Qué es ser lírico? Es cantar las emociones que se tienen. Ahora, cantar las emociones que se tienen se hace hasta sin cantar. Lo que cuesta es cantar las emociones que no se tienen. Sentir profundamente lo que no se siente es la flámula de almirante de la inspiración. El poeta dramático hace esto directamente; el poeta épico lo hace indirectamente, sintiendo el conjunto de la obra más que las partes de ella, esto es, sintiendo exactamente aquel elemento de la obra del que no puede haber ninguna emoción personal, porque es abstracto y por eso impersonal. Fuimos delineadamente épicos. Seremos inviolablemente dramáticos. Fuimos líricos cuando no fuimos nada. El lirismo sólo continuará siendo nuestro modo predominante si no fuésemos capaces de tener modo predominante.

– ¿Cuál ha sido la influencia de la Nueva Generación en la Vida Portuguesa?

– ¿La influencia de la nueva generación sobre la vida portuguesa? Ninguna, porque no hay vida portuguesa. La única vida portuguesa que hay es la nueva generación, y esa, hasta ahora, poco se ha influenciado a sí misma.

– ¿Cuál calcula que sea el futuro de la raza portuguesa?

– El Quinto Imperio. El futuro de Portugal –que no calculo, pero – ya está escrito, para quien sepa leerlo, en las trovas de Bandarra, y también en las cuadras de Nostradamus. Ese futuro es ser nosotros todo. ¿Quién, que sea portugués, puede vivir la estrechez de una sola personalidad, de una sola nación, de una sola fe? ¿Qué portugués verdadero puede, por ejemplo, vivir la estrechez estéril del catolicismo, cuando fuera de él hay que vivir todos los protestantismos, todos los credos orientales, todos los paganismos muertos y vivos, fundiéndolos portuguesamente en el Paganismo Superior? ¡No queramos que fuera de nosotros quede un solo dios! ¡Absorbamos los dioses todos! Conquistamos ya el Mar: resta que conquistemos el Cielo, dejando la tierra para los Otros, los eternamente Otros, los Otros de nacimiento, los europeos que no son europeos porque no son portugueses. ¡Ser todo, de todas las maneras, porque la verdad no puede estar en faltar todavía alguna cosa! ¡Creemos así el Paganismo Superior, el Politeísmo Supremo! En la eterna mentira de todos los dioses, sólo los dioses todos son verdad.


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