[¿Por qué ese despertar del paganismo sucedió en Portugal?]

[texto dactilografiado, tal vez 1916]

Antonio Mora


Regreso de los dioses

¿Cuál fue, no obstante, la razón por la que ese despertar del paganismo sucedió en Portugal y no en otro lugar? No es difícil hallar la explicación.

Vimos, cuando estudiamos el desarrollo del cristismo, que el grupo ibérico resultaba un grupo civilizacional especial en virtud del cruzamiento, a él peculiar, del tipo psíquico cristista y del tipo psíquico mahometano. Vimos que, dado el carácter degenerativo del cristismo, la consolidación se dio cuando, decaído el mahometismo en la península, sólo quedó lo malo de él, esto es, el fanatismo que dimana de un sistema monoteísta cuando un elemento objetivista no acude en su auxilio y disciplina. Quedó, por lo tanto, la mentalidad peninsular representada por un cristismo violento, salvaje, en el que tan sólo en el primer momento había vestigios del cientismo árabe. Dado el primer paso hacia los descubrimientos, la fe mórbida de nuestros mayores pronto acabó con esos restos de objetivismo y de equilibrio. Permanecimos siervos del más retrógrado y del más abyecto de los cristismos: un cristismo cuyo elemento más inferior (el monoteísmo judaico) había recibido un impulso anormal en virtud de la mixtura con el monoteísmo mahometano. Nos habría salvado nuestro paganismo de gentes del sur, si el vicio no fuera demasiado profundo para tal ascenso. Permanecimos en la decadencia que ese estado moral representa, en el eterno punto muerto del cristismo peninsular. Así, por siglos afuera, permanecimos, españoles y portugueses, la abyección viva de Europa, el inerte refugio de la pudrición cristista.

Los sucesivos acontecimientos revolucionarios portugueses acabaron por destruir el catolicismo como fe real. Caímos seguidamente, según nuestra heredada índole católica de esclavos del extranjero, en el mimetismo de los principios revolucionarios. Pero el hecho que persistió fue este: la destrucción del catolicismo como fe real. Con ello quedó preparada la emergencia del otro elemento de nuestra psique, hasta ahí latente: el elemento árabe.