Del Paganismo

[texto dactilografiado, tal vez 1917]

Ricardo Reis


T odos los movimientos que, dentro de nuestra civilización, ha habido en el sentido del paganismo, han pecado por su origen cristiano. Todos los pseudopaganos de nuestro tiempo no alcanzaron un alma pagana antes de proyectar su paganismo. Es cristiano el sentimiento con que desean el paganismo. A lo sumo, puede decirse de ellos que tienen un ansia cristiana del paganismo. En ningún caso se puede decir de ellos que tengan un concepto justo del paganismo. Pueden sentir altamente la belleza y la calma de los dioses; pero ¿de qué sirve que lo hagan si por pagana que sea, o pretendan que sea, su inteligencia –o, cuando mucho, su imaginación-, su sensibilidad está secularmente cristianizada?

Estas consideraciones se aplican a todos, sin excepción, cuantos han querido reconstruir el paganismo desde que él murió. Se dirigen tanto al esfuerzo reconstructor de un Matthew Arnold, como al de un Oscar Wilde. De Nietzsche, de quien más pareciera que se debiese hablar, es mejor que no hablemos, tan repelentemente cristiana se contorsiona aquella débil y enfermiza mentalidad.

En todos ellos, oscuramente, en la más deliberadamente pagana de sus actitudes, una sugestión cristiana se insinúa: la conciencia del pecado, no tal vez conscientemente tal, pero el mal especial, el desvío de espíritu que siglos de tal concepción radicaron en el alma.

Para ser pagano no basta con admirar la religión muerta de los griegos o de los romanos. No basta que se halle belleza en los dioses o, aun, que se crea objetivamente en su existencia. No basta que se halle consoladora la calma de los antiguos, o práctica y severa su sabiduría. Todo eso no es más que una u otra de las consecuencias del espíritu pagano. En su esencia el paganismo es otra cosa que puede dispensar esos resultados y, con todo, ser más pagana que ellos.

No seria perdonable que hubiésemos hecho estas objeciones al supuesto paganismo de los modernos, si no las completásemos con una, tal vez sumaria pero suficiente, consideración de cuáles son, en verdad, las características esenciales del paganismo.

Como todos estamos, más o menos, dentro de la sensibilidad y de la intuición cristianas, lo más útil será que esa definición que vamos hacer, sea hecha en una actitud de comparación con el sentimentalismo cristista.

Diremos lo que es el paganismo en las tres esferas en que, más naturalmente, la actividad del espíritu parece dividirse (manifestarse). Expondremos qué es lo que quiere decir paganismo en las esferas de la inteligencia, de la sensibilidad y del albedrío (voluntad). Todo lo demás –tanto los dioses como las actitudes filosóficas que del paganismo emanan- son lo que él fue relativamente a la época en que se manifestó, no lo que era en su esencia.

En la esfera de la inteligencia, el paganismo se define como una objetividad absoluta y concreta. En tanto objetividad absoluta, se distingue del cristianismo, que, admitiendo elementos objetivos en su actividad intelectual, en tanto esencialmente dualista (cualquiera sea la forma que su dualismo tome –la clásica, o una como la de Kant, la escisión en razón pura y razón práctica) (...).

Por otro lado, el paganismo, en cuanto objetividad concreta, se distingue del budismo, forma culminante de la Weltanschauung de la India. El budismo –que pocos verdaderamente conocen- es un objetivismo absoluto también, pero no es un objetivismo absoluto y concreto. El budista es un pagano para quien el sentido de la materia se alarga indefinidamente.

Esto no quiere decir que en el paganismo no haya habido filósofos en quienes es difícil encontrar este tipo de mentalidad.

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La sensibilidad cristiana gravita en torno a la idea de pecado. No siempre conscientemente, pero de cualquier manera siempre gravita en torno a ella. Para contrariar la verdad de lo que afirmo, es preciso estar ciego a las diversas formas en que se puede revelar esa idea. No es siempre en su efecto simple, de recelo de pecar, que se revela. En su otro aspecto, el de la salvación, es importante también. La mentalidad cristiana, constitucionalmente acostumbrada a encarar esta vida como preludio de otra y subordinada a ella, tanto en importancia como en acción, creó, dejándola heredada en la masa de sus descendientes, en las generaciones ya descreyentes en ella, una actitud de la sensibilidad que se puede definir como un desprecio de la vida en lo que exclusivamente vida. El cristiano desprecia la vida propiamente tal.

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Alberto Caeiro es más pagano que el paganismo, porque es más consciente de la esencia del paganismo que cualquier otro escritor pagano. ¿Cómo podría ser un pagano, si concebía la esencia de su psiquismo en oposición a un sistema diferente de sensibilidad, como es el cristianismo? Y cuando se abría el conflicto entre paganismo y cristianismo, en la ascensión de este último, ya la entorpecida y decadente mentalidad de los pueblos romanos era propiamente cristiana, y no pagana de modo ninguno.