[Grados de la poesía lírica]

[texto dactilografiado, tal vez 1930]


E

l primer grado de la poesía lírica es aquel en que el poeta, de temperamento intenso y emotivo, expresa espontánea o reflexivamente ese temperamento y esas emociones. Es el tipo más vulgar del poeta lírico; es también el de menos mérito, como tipo. La intensidad de la emoción procede, en general, de la unidad del temperamento; y así este tipo de poeta lírico es en general monocorde, y sus poemas giran en torno de determinado número, en general pequeño, de emociones. Por eso, en este género de poetas, es vulgar decir, porque con razón se señala, que uno es “un poeta del amor”, otro “un poeta de la saudade”, un tercero “un poeta de la tristeza”.

El segundo grado de la poesía lírica es aquel en que el poeta, por ser más intelectual o imaginativo, o puede incluso que sólo por más culto, no tiene ya la simplicidad de emociones, o la limitación de ellas, que distingue al poeta del primer grado. Este será también típicamente un poeta lírico, en el sentido vulgar del término, pero ya no será un poeta monocorde. Sus poemas abarcarán asuntos diversos, unificándolos no obstante el temperamento y el estilo. Siendo variado en los tipos de emoción, no lo será en la manera de sentir. Así un Swinburne, tan monocorde en el temperamento y en el estilo, puede con todo escribir con igual relieve un poema de amor, una elegía mórbida, un poema revolucionario.

El tercer grado de la poesía lírica es aquel en que el poeta, aun más intelectual, comienza a despersonalizarse, a sentir, no ya porque siente, sino porque piensa que siente; a sentir estados de alma que realmente no tiene, simplemente porque los comprende. Estamos en la antecámara de la poesía dramática, en su esencia íntima. El temperamento del poeta, sea cual fuere, está disuelto por la inteligencia. Su obra será unificada sólo por el estilo, último reducto de su unidad espiritual, de su coexistencia consigo mismo. Así es Tennyson, escribiendo por igual “Ulysses” y “The Lady Shalott”, así, y más, es Browning, escribiendo lo que llamó “poemas dramáticos”, que no son dialogados, sino monólogos revelando almas diversas, con las que el poeta no tiene identidad, no la pretende tener y muchas veces no la quiere tener.

El cuarto grado de la poesía lírica es aquel, mucho más raro, en que el poeta, más intelectual todavía, pero igualmente imaginativo, entra en plena despersonalización. No sólo siente, sino que vive, los estados de alma que no tiene directamente. En gran número de casos, caerá en la poesía dramática, propiamente dicha, como lo hizo Shakespeare, poeta sustancialmente lírico elevado a dramático por el asombroso grado de despersonalización que alcanzó. En uno o en otro caso continuará siendo, aunque dramáticamente, poeta lírico. Es ese el caso de Browning, etc.(ut supra). Ni el estilo define ya la unidad del hombre: sólo lo que en el estilo hay de intelectual la denota. Así es en Shakespeare, en quien el relieve inesperado de la frase, la sutileza y la complejidad del decir, son la única cosa que aproxima el hablar de Hamlet al del Rey Lear, o el de Falstaff al de Lady Macbeth. Y así es Browning a través de los “Men and Women” y de los “Dramatic Poems”.

Supongamos, sin embargo, que el poeta, evitando siempre la poesía dramática, externamente tal, avanza todavía un paso en la escala de despersonalización. Ciertos estados de alma, pensados y no sentidos, sentidos imaginativamente y por eso vividos, tenderán a definir para él una persona ficticia que los sintiese sinceramente (...)

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