[Las leyes del arte: impresión, objetivación e interpretación]

[texto dactilografiado, tal vez 1916]


La obra de arte, fundamentalmente, consiste en una interpretación objetivada de una impresión subjetiva. Difiere, así, de la ciencia, que es una interpretación subjetivada de una impresión objetiva, y de la filosofía, que es, o procura ser, una interpretación objetivada de una impresión objetiva.

La ciencia busca las leyes particulares de las cosas, esto es, aquellas leyes que rigen los asuntos u objetos que pertenecen a aquel tipo de cosas que se están observando. La ciencia es una subjetivación, porque es una conclusión que se saca de determinado número de fenómenos. La ciencia es una cosa real y, dentro de sus limites, cierta, porque es una subjetivación de una impresión objetiva y es, así, un equilibrio.

La filosofía trabajará siempre en vano porque procura objetivar...

En el arte tenemos que distinguir tres partes. El arte envuelve una impresión, o idea, sobre la cual se trabaja; envuelve una interpretación de esa idea o impresión de modo de volverla artística; y envuelve, finalmente, una cosa de la cual se tiene esa impresión o idea.

El arte obedece, por tanto, a tres criterios exteriores. Tiene que obedecer a las leyes que rigen toda impresión o idea. Tiene que obedecer a las leyes que rigen toda interpretación. Y tiene que obedecer a las leyes que rigen toda objetivación. ¿Cuáles son, en cada caso, esas leyes?

Primero. ¿Cuáles son las leyes que rigen la impresión o idea? Esas leyes son tres. Abarcan, como se ve, el elemento subjetivo del arte. 1°: Una impresión o idea es perfecta y típica en la proporción que es característica del individuo que la tiene, esto es, en la proporción en que en esta idea se revela a) el temperamento del individuo, b) todo el temperamento del individuo (lo más posible del temperamento del individuo), c) el temperamento del individuo lo más armónicamente dispuesto dentro de sí que sea posible (analyse this last element). De modo que el elemento subjetividad del arte envuelve la originalidad como criterio objetivo (note if this expression is good).

Segundo. ¿Cuáles son las leyes que rigen la objetivación? Veamos lo que quiere decir objetivación. La palabra implica la reducción de la idea, o sea lo que fuere (que ha de ser idea, y no objeto, para que sea posible decir que se objetiva) a la categoría de objeto; esto es, a la categoría de cosa análoga a cualquier cosa que ocupa el mundo exterior. Son tres las leyes que rigen la determinación de lo objetivo como tal: 1° Un objeto ha de ser limitado, distinto de los otros objetos. 2° Un objeto está compuesto de partes formando un todo; esas partes existen en este todo en virtud de ser partes de tal todo, no se consideran partes sino en relación con tal todo; y el todo, pudiendo ser considerado como una cosa independientemente de las partes, sólo puede serlo en virtud de la armonización de las partes en la formación de ese todo. 3° (debe ser 1°) Cada objeto es real en la proporción en que puede ser observado en diferencias grandes por el mayor número posible de personas. Tenemos, pues, como leyes de la objetivación: 1° (3rd above) La ley de la verosimilitud. 2° (1st above) La ley de la no-repetición. 3° (2nd above) La ley de la relación de interdependencia entre el todo y las partes de que está compuesto. (La ley de la unidad armónica. Porque, cuando observamos un todo, lo observamos a través de las partes que lo componen, pero viéndolas de golpe, de golpe las sumamos en la idea de ese todo)

Tercero. ¿Cuáles son las leyes que rigen la interpretación? Es claro que por interpretación se entiende solamente un alto grado –el más alto- del fenómeno envuelto en la sensación de cualquier cosa. Esas leyes son también tres: 1° Una interpretación es tanto más completa cuanto más conserva todas las relaciones del objeto interpretado, su armonía especial y típica en todo lo posible. 2° Una interpretación es tanto más perfecta cuanto más consigue hacer olvidar el objeto interpretado en la propia interpretación. (Así, una traducción es perfecta cuando no parece una traducción.) (...)

Fernando Pessoa


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