La ternura lusitana o el alma de la raza

[texto manuscrito, tal vez 1915]


Es costumbre definir al portugués como esencialmente lírico, o esencialmente amoroso: absurdo, porque casi no hay ningún pueblo que no sea estas dos cosas. Al mismo tiempo se ve que, aunque la expresión falle, hay algo de verdad, que no llega a descubrirse, en estas frases.

¿Qué es lo que hay de casi-indefiniblemente portugués, de portuguesmente común, aparte la lengua, en Bernardim Ribeiro, Camões, Garret, Antero de Quental, António Nobre, Junqueiro, Correia de Oliveira, Pascoaes, Mário Beirão?

En primer lugar, es una ternura. ¿Pero qué es esa ternura? Ternura vaga (…) en Bernardim Ribeiro, ternura que rompe la cáscara de extranjerismo de Camões, en su auge ternura heroica, ternura metafísica en Antero (curiosísima fase de la ternura que da cuerpo a lo abstracto, y puede amar un Dios que sea […] una fórmula matemática); ternura por sí mismo y por su tierra: esquiva […], espontánea y con el lado «tristeza» acentuado, en António Nobre (influyó [?] sobre Sá-Carneiro), ternura por el paisaje en Fialho, ternura que llega a asomar a las ventanas del alma de Eça de Queirós.

Llamar al sol «solcito de Dios» es un fenómeno especial de ternura. En estas frases del pueblo está el germen de todo lo patrio.

Fernando Pessoa