Notas para el recuerdo de mi maestro Caeiro [VIII]

[texto dactilografiado, 27/2/1931]

Alvaro de Campos


La filosofía de Antonio Mora está contenida en un solo tratado: los Prolegómenos para una Reforma del Paganismo. El Regreso de los Dioses es más un estudio crítico que otra cosa, y el sistema geométrico ultra-euclideano, que el filósofo descubrió o inventó, estando en verdad dentro de la filosofía expuesta en los Prolegómenos, no es propiamente filosofía. Creo que Antonio Mora pensaba, con todo, en integrar el sistema geométrico, como apéndice o capítulo suplementario, en los propios Prolegómenos. No sé cómo quedó o quedará esto; sólo cuando esas obras inéditas dejaren de serlo se verá claramente.

Creo que no habrá mal alguno en que se exponga, ya, cuál es el sistema filosófico de Antonio Mora. Hasta creo que algún bien le hago con esto. Un sistema filosófico necesita un poco de prendre date, puesto que en él la sustancia es consubstancial con la forma; una obra literaria, viviendo como vive sólo de la forma (en el sentido completo) puede quedar inédita durante mucho tiempo. Voy, pues, a hacer lo posible por exponer, en un resumen claro, en qué consiste el Dualismo Absoluto de Antonio Mora.

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Me maravillo de la doctrina de Antonio Mora, y desacuerdo de ella con un gesto delicado de distanciamiento. El mal de todos estos hombres –de Ricardo Reis, de Antonio Mora, de Fernando Pessoa, sí, porque siento outside idolatry, de mi maestro Caeiro también– es que sólo ven la realidad. Diversamente, todos la ven con claridad; todos son objetivistas, hasta Fernando Pessoa, que también es subjetivista. Pero yo no sólo veo la realidad: la palpo. Por eso ellos son, más o menos declaradamente, politeístas, y yo soy monoteísta. Es que el mundo considerado con la vista es de una esencial diversidad. Considerado con el tacto, no tiene diversidad ninguna. Ellos son todos, diversamente, más inteligentes que yo, pero yo soy más profundamente práctico que todos ellos. Por eso creo en Dios. A veces pienso que Milton sólo pudo ascender a un sentimiento sublime de la Divinidad cuando, privado de la vista, volvió a la gran primitividad del tacto, a la gran unidad de la materia. Y el propio Satán, que no es sino Dios en su sombra deforme, lanzada por la luz de lo aparente, no pudo él tan fuertemente concebir sino cuando los ojos se le habían vuelto noche.

La variedad del mundo no es variedad sino por contraposición subentendida a una unidad cualquiera. Y esa unidad adivinada es Dios.