El Clasicismo

[texto manuscrito, tal vez 1915]


El movimiento de la oda griega –estrofa, antiestrofa, epodo– no representa una invención de los Griegos, sino un descubrimiento suyo. No es un postulado de la inteligencia griega; es un axioma de la inteligencia humana, que a los Griegos les fue dado encontrar. Su constatación no es la de una teoría artística, es la de un hecho científico, de una ley de la inteligencia.

Este triple movimiento no es sólo la ley de la oda, o fundamento eterno (variante: "perenne") de la poesía lírica; es, más aun, la ley orgánica de la disciplina mental, el reglamento eterno de la creación psíquica. Es la constatación superior del hecho simple de que todas las cosas tienen un principio, un medio y un fin, de que el principio contendría ya en sí el fin, y la indicación del medio; y de que el medio es el modo por el cual el principio se vuelve fin.

A tal punto este descubrimiento psicológico de los Griegos –más importante, por cierto, que la subversión por Galilei de la astronomía Ptolemaica– es una ley del espíritu, que la vemos reaparecer varias veces, y siempre con el mismo carácter de eterna, en la historia del pensamiento. No es otra cosa el triple movimiento –tesis, antítesis, síntesis– de la dialéctica de Platón. No es otra cosa el pensamiento sustancial de Hegel, en que el ser en sí (Sein) se transforma en otro-ser (Dasein) y retorna a sí (für sich Sein). No tiene otra base, en su exterior filosófico, la doctrina cristiana de la Trinidad divina, que representa a Dios como siendo aquel de quien todo procede, como Padre, por quien todo existe, como Hijo, y para quien todo existe, como Espíritu Santo; habiendo ya así, en el entender de la filosofía cristiana, una previsión de la doctrina rígida de Hegel en la doctrina fluida de San Pablo.

Perderemos (variante: "erraremos") por completo el sentido del clasicismo si no nos obligamos a estudiarlo como debe ser estudiado: en Grecia, donde nació, y según la ley del pensamiento. De Grecia para acá no han habido sino aplicaciones tortuosas e inciertas de la Disciplina helénica.

Después hay que distinguir en el clasicismo (variante: "en el arte griego"), como en todo lo demás, entre la materia y la forma. La materia la da la sensibilidad, el temperamento especial, la visión individual [?] del artista; la forma supone inteligencia. General en su naturaleza, como la ciencia, su producto máximamente característico, es antiparticular por su índole.

El pseudoclasicismo francés –Boileau, Corneille, Racine– fue en la cultura europea el peor enemigo de la tradición clásica, porque fue su desvirtuador, y, como dijo Tennyson, «la mentira que es media verdad es la peor de las mentiras». El clasicismo francés es un clasicismo de dos dimensiones, un clasicismo de silueta o (y) papel cortado. La disciplina helénica es aplicada, pero no hay sensibilidad a que aplicarla. El griego aceptaba, a manos plenas, la experiencia integral de la vida de la emoción; y a esa experiencia imponía la disciplina de su inteligencia (abstracta). El francés castra, limita, pule primero la experiencia de la vida, y después disciplina esa sensibilidad que castró. El clasicismo que resulta es tan natural como la castidad en un eunuco. Es como el escolar que, teniendo que hacer una suma con sumandos compuestos de enteros y de quebrados, comenzase, para llegar a una suma perfecta, por borrar los quebrados de la hoja. El francés no tiene fuerza mental para aceptar la experiencia total de la vida; tiene que tener a dieta la sensibilidad para poder digerirla con la inteligencia.

Cuando, como en el Romanticismo, adquirió sensibilidad plena, el espíritu francés reveló inmediatamente su debilidad; perdió poder de disciplina, produjo las monstruosidades constructivas que son los poemas de Hugo, de Musset y de Lamartine. Sólo, y en algunos poemas, el alma triste de Vigny consiguió inscribirse, en estilo Chénier, en la vieja, en la gran tradición de la Belleza. El espíritu francés es la apoteosis de lo secundario.

Sólo en Flaubert [...] Una prueba más de la secundariedad intelectual de Francia. Sólo llegó al ideal clásico en un género secundario: en la novela. Ni en la poesía épica, ni en la dramática...

Fernando Pessoa


2 comentarios:

Anónimo dijo...

me podria decir que poetas son del clasicismo me gustaria saberlo, ya que es necesari para miproyecto de antologia de poetas de odas las corrientes ...
muchas gracias

Marck Prince dijo...

Muy bn me sirvió Gracias