[Ciencia y religión]

[texto dactilografiado, tal vez 1917]

Antonio Mora


Regreso de los Dioses

¿Pero esta ingerencia de la ciencia en los negocios humanos llegará al punto de vencer las divergencias nacionales, de donde las divergencias religiosas proceden?

Sería absurdo esperar que la ciencia eliminase esas diferencias, puesto que la propia ciencia, en su rama sociológica, implica la aceptación de las diferencias nacionales como necesarias para la civilización.

Sin embargo, lo que la ciencia hace es no permitir que las emergencias de la particularidad nacional, cuando no sean patentemente mórbidas, exorbiten de una cierta objetividad. La ciencia compele a la objetividad; podrá no obtenerla completa de los pueblos de índole subjetiva, pero, aparte de que los pueblos tienen, en nuestra civilización científica, que subordinar su subjetividad a la objetividad de la ciencia, o perecer, ha de obtener alguna para dejar que esos pueblos subsistan.

El concepto de ciencia sólo se presenta frío o espantoso al espíritu cuando no es verdaderamente comprendido. Las condiciones (tristes) mentales de nuestro medio moderno infligieron al espíritu científico un desvío. Como la ciencia tuvo que atacar a la Iglesia, al mismo tiempo que tuvo que atacarla la «democracia», resultó que las dos fuerzas se unieron contra la Iglesia, de donde se dedujo, erróneamente, que había alguna especie de identidad entre el espíritu científico y el democrático, cuando lo máximo que hubo, en verdad, fue una coincidencia en el enemigo.

A pesar de eso la ciencia es antidemocrática y anti-igualitaria. La ciencia social es la última en constituirse, porque los fenómenos sociales, además de ser los más complejos, involucran al observador y la serie de preconceptos que inciden sobre el cientista, son en este caso más y mayores que en otra cuestión científica.

La ciencia no es antirreligiosa; es simplemente extra-religiosa. La religión es un fenómeno común a todas las clases sociales, y que a todas liga y une. La ciencia, fenómeno intelectual, sólo es privilegio de las clases intelectuales. No puede ser practicada, ni aun comprendida, en su verdadero espíritu, por las plebes; éstas, por lo demás, si la comprendiesen dejarían de ser plebes, y, con dejarlo de ser, peligraría la civilización, así desprovista de base.

Lo que modernamente hay que hacer es trabajar para una religión que esté de acuerdo con el espíritu de la ciencia; y qué religión ha de ser sino aquella a quien la ciencia debe su nacimiento, porque Atenea es hija de Zeus, y la ciencia toda nacida del paganismo helénico.

Sólo la ciencia «democrática» del siglo pasado, antes de que hubiera ciencia social, es la que es fría y dura, por arrogarse una misión extraña a su espíritu, y por querer destruir la religión, que yace fuera de su verdadero ámbito.

Mientras que la ciencia es una forma de conocimiento, por la cual el hombre actúa sobre la materia, la religión es una forma de conocimiento por la cual él actúa sobre sí mismo. Son diversas, como se ve, las esferas de acción, y diversas […]

Suponer que la ciencia puede bastar a la vida humana, es suponer que las sociedades se componen sólo de intelectuales. La disolución moral producida modernamente por la pseudo-moral pseudo-científica, tendiente a disolver […]


No hay comentarios: