[Ciudad, Estado, Nación]

[texto manuscrito]

Antonio Mora


Regreso de los Dioses

El concepto pagano de civilización difiere del concepto cristiano, en gran parte, en lo que la vida de una ciudad-estado naturalmente difiere de la vida de una nación-estado. La vida antigua, en verdad, sufría cierta estrechez, cierto rigor psíquico, por condicionamiento del elemento citadino. La ciudad no es el cuerpo natural del estado; lo son, la nación, la provincia grande.

Lo que, de excesivamente rígido e inflexible, constantemente limita la expansión interna de la vida pagana, deriva de esta estructura, por así decir psíquica, de su vida social.

Ciertas consecuencias tienen origen en esta limitación. De este modo, el culto del estado, exagerado en todo el paganismo, no tiene otra causa. La propia Hélade, que, en su parte representativa, era individualista, lo era dentro de duras fronteras.

La única consecuencia saludable del Imperio Romano es que, con su ampliación enorme del estado, obliga a articular los elementos naturales de la cohesión social, que son las naciones. La formación de naciones, contrapuesta a la de meros estados, es lo único que, de útil, los tiempos post-griegos dieron a Grecia. Y la propia Grecia era grande por ser una nación siempre por formar. Virtualmente era una nación con capital en Atenas. No así el estado romano, que fue siempre, desde el inicio, una ciudad estado con colonias en alguna parte.

Cierta estrechez de sensibilidad y de (…) natural en todo el paganismo, y flagrante en Roma, no tiene otra causa. Siendo la ciudad el estado, el estado está siempre presente en el espíritu de los hombres, porque está consustanciado con una cosa visible. Así ejerce una opresión constante sobre los espíritus, privándolos de aquella libertad que les es precisa para los fines superiores de la vida.



Nota: este fragmento contiene la indicación “ex” dentro de un círculo, indicando que debía ser excluido de «El Regreso de los Dioses».