Respuesta a una encuesta del periódico «La Información»

Publicada en el periódico La Información, del 17/09/1926, en la sección “La ciudad. Las letras. Las artes”, que era dirigida por Augusto Ferreira Gomes, amigo de Fernando Pessoa. La respuesta de Alvaro de Campos venía precedida de una carta de ruptura de Ferreira Gomes. Claramente, se trataba de una broma combinada previamente entre el periodista y Pessoa:

Ex.mo

Recibí hoy inesperadamente las respuestas a la encuesta de La Información. Las leí con atención. Tomé nota. Voy a publicarlas por el simple deber de dar publicidad a todas las opiniones que me llegan a la mesa de trabajo, incluso las más tontas. Sus respuestas no pertenecen a esa categoría: son suyas. Y por eso las publico, pero déjeme que le diga que, de hoy en adelante, aunque continúe teniendo por V. Ex.a la misma admiración que me viene de larga data, quedo obligado a no reconocer más, personalmente, la persona de V. Ex.a Como lo que más me interesa son sus personalidades, leeré con atención sus futuros libros o poemas y eso me bastará.

De V. Ex.a Augusto Ferreira Gomes



Estimado Sr. Ferreira Gomes:

Respondo, numerando, a las seis preguntas del cuestionario que no creo que sea suyo.

Ellas son:

1) ¿Cuál es, de sus libros, el que más aprecia?

2) ¿Cuál de ellos le reportó más admiradores?

3) ¿Debe a sus obras alguna aventura amorosa?

4) ¿Cuál fue la mayor compensación moral que le dio la literatura?

5) ¿Alguno de los protagonistas de sus libros tuvo existencia real?

6) ¿Cuál es su mayor preocupación intelectual al escribir?

Respondo:

1) No teniendo libros publicados, sino sólo poemas que valen más que los libros de mis contemporáneos de todas las lenguas, no le responderé sino entendiendo poemas en lugar de libros.
Me gusta estridentemente la “Oda triunfal” incluida en Orpheu 1. Sé bien que la “Oda marítima”, publicada en Orpheu 2, tiene más construcción y alrededores; pero no olvido que escribí la primera con la emoción en línea recta, y que es la opera prima de la sensibilidad moderna. Son favores que debo a los Dioses: no quiero ser ingrato con ellos, desconociéndolos.
2) He influido indeterminadamente en varias composiciones posteriores, por no poseer el secreto de haber influido en las anteriores. Pero no sé si me han admirado aquellos que me han admirado. Lo cierto es que no he podido traspasar mi emoción intelectual a los copistas de mi expresión de ella. Pero me contento con lo que no me descontenta, y basta... Todavía hace poco me trajeron una publicación brasileña que tiene versos seminales en mis emociones. Hasta eso acepto. El Destino así lo da. Al menos no tardó. Bis dat qui esto dat [1], decía mi profesor de latín.
3) No acostumbro ponerle al arte el yugo de la sexualidad. Confieso, con todo, que debo a una obra mía, pero de manera indirecta, una aventura amorosa. Fue en Barrow in Furness, que es un puerto en la costa occidental de Inglaterra. Allí, cierto día, después de un trabajo de arqueo, estaba yo sentado sobre un barril en un muelle abandonado. Acababa de escribir un soneto –eslabón de una cadena de varios- en que el hecho de estar sentado en ese barril era un elemento de construcción.
Se acercó a mi una muchacha, por así decir –alumna según después supe del liceo (High School) local- y entró en conversación conmigo. Vio que yo estaba escribiendo versos y me preguntó como en esas ocasiones se acostumbra a preguntar, si yo escribía versos. Respondí como en esos casos se responde, que no. La tarde, según su obligación tradicional, caía lenta y suave. La dejé caer.
Es conocida la índole portuguesa y el carácter propicio de las horas, independientemente de las índoles y de los portugueses. ¿Fue esto una aventura amorosa? No llegaré a decirle. Fue una tarde, en un muelle lejos de la Patria: y hoy es, por cierto, un recuerdo en oro oscuro. Así diríamos en Orpheu; así no dejaré de decirle ahora. ¿Qué más quiere de mí, Sr. Ferreira Gomes? La vida es extremadamente compleja, y los acasos son, a veces, necesarios. El cuento no tiene moral, desde el principio. El oro oscuro quedó húmedo y la tarde cayó definitivamente.
4) La única compensación moral que debo a la literatura es la gloria futura de haber escrito mis obras presentes.
5) No escribo historia ni historias y, por eso, no uso protagonistas, a no ser la variedad de personas que he sido. Ninguna de ellas tiene existencia real, porque nada tiene, científicamente hablando, existencia “real”. Las cosas son sensaciones nuestras, sin objetividad determinable, y yo, sensación también para mí mismo, no puedo creer que tenga más realidad que las otras cosas. Soy, como todos, una ficción del intermezzo, falso como las horas que pasan y las obras que quedan, en el remolino subatómico de este inconcebible universo.
6) No tengo preocupación intelectual al escribir. Tengo la única preocupación de emitir emociones, dejando a la inteligencia que se aguante con ellas lo mejor que pueda. Tengo el deseo de ser de todos los tiempos, de todos los espacios, de todas las almas, de todas las emociones y de todos los entendimientos. Menos que todo es nada para el alma que no se despioja en la lógica, ni se mira las uñas en la estética. No pudiendo ser la propia fuerza universal que envuelve y penetra la rotación de los seres, quiero al menos ser una conciencia audible de ella, un brillo momentáneo en el choque nocturno de las cosas... El resto es delirio y podredumbre.

Créame, cordialmente suyo.

Alvaro de Campos

Ingeniero Naval y poeta de «Orpheu»



[1]La locución latina es: Bis dat qui cito dat, “Quien da pronto da dos veces” (N. del T.)