[Salazar: la cesarización de un perito mercantil]

[texto manuscrito, posterior a 1933]


El Profesor Salazar tiene, en altísimo grado, las cualidades secundarias de la inteligencia y de la voluntad. Es el tipo del perfecto ejecutor de la orden de quien tenga las órdenes primarias.

El jefe de Gobierno tiene una inteligencia lucida y precisa; no tiene una inteligencia creadora o dominadora. Tiene una voluntad firme y concentrada, no la tiene irradiante y segura. Es un tímido cuando osa, y un incierto cuando afirma. Todo cuanto hace se resiente de esa penumbra de los Reyes malogrados.

Cuando mucho, en la escala de la gobernación pública, podría ser el mayordomo del país.

Le faltan los contactos con todas las vidas: con la vida de la inteligencia, que vive de ser diversa y, entre los conflictos de las doctrinas, no sabe decidirse; con la vida de la emoción que vive de ser impulsiva e incierta; con la vida de la (…)

El Jefe de Gobierno no es un estadista: es un acomodador. Para él el país no se compone de hombres, sino de gavetas. Los problemas del trabajo y de la miseria, ¿cómo ha de entenderlos, si pretende resolverlos a través de fichas sueltas y hojas móviles?

El alma humana es irreductible a un sistema de debe y haber. Lo es, acentuadamente, el alma portuguesa.

A veces se aproxima al pueblo, de donde salió. Y le comunica una ternura de guarda libros en día feriado, que siente que finalmente preferiría estar en la oficina.

Es siempre y en todo un perito mercantil, pero sólo un perito mercantil. Cuando ve que el país sufre, cambia las rúbricas y abre nuevas cuentas. Cuando siente que el país se queja, hace un asiento contable. La cuenta queda perfecta.

El profesor Salazar es un perito mercantil. La profesión es eminentemente necesaria y digna. No es, sin embargo, profesión que tenga implícitas directivas. Un país tiene que gobernarse con contabilidad, no puede gobernarse por contabilidad.

Asistimos a la cesarización de un perito mercantil.


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