[Caeiro: la reconstrucción del paganismo]

[texto dactilografiado, con anotaciones manuscritas]

Ricardo Reis


A lberto Caeiro Da Silva nació en Lisboa el (...) de abril de 1889, y en esta ciudad falleció, tuberculoso, el (...) de (...) de 1915. Su vida, sin embargo, transcurrió casi toda en una quinta del Ribatejo; sólo sus últimos meses los pasó de nuevo en su ciudad natal. Allí fueron escritos casi todos sus poemas, los del libro titulado El Guardador de Rebaños, los del libro, o lo que quiera que fuese, incompleto, llamado El Pastor Amoroso, y algunos de los primeros, que yo mismo, recibiéndolos para publicar, con todos los otros, reuní bajo la designación, que Alvaro de Campos me sugirió bien, de Poemas Inconjuntos. Los últimos poemas, a partir de aquel numerado (...), son sin embargo producto del último período de la vida del autor, de nuevo pasado en Lisboa. Creo mi deber establecer esta breve distinción, pues algunos de esos últimos poemas revelan, por la perturbación de la enfermedad, una novedad un poco extraña al carácter general de la obra, tanto en naturaleza como en dirección.

La vida de Caeiro no puede narrarse puesto que no hay en ella nada que narrar. Sus poemas son lo que en él hubo de vida. En todo lo demás no hubo incidentes, ni hay historia. Incluso el breve episodio, vano y absurdo, que dio origen, a los poemas de El Pastor Amoroso, no fue un incidente, sino, por así decir, un olvido.

La obra de Caeiro representa la reconstrucción integral del paganismo, en su esencia absoluta, tal como ni los griegos ni los romanos, que vivieron en él y por eso no lo pensaron, la pudieron hacer. La obra, sin embargo, y su paganismo, no fueron pensados, ni siquiera sentidos: vinieron con lo que quiera que sea que en nosotros es más profundo que el sentimiento o la razón. Decir más sería explicar, lo que de nada sirve; afirmar menos sería mentir. Toda obra habla por sí misma, con la voz que le es propia, y en aquel lenguaje con que se forma en la mente; quien no entiende no puede entender, y nada hay pues que explicarle. Es como hacer comprender a alguien un idioma que no habla.

Ignorante de la vida y casi ignorante de las letras, casi sin convivencia ni cultura, hizo Caeiro su obra por un progreso imperceptible y profundo, como aquel que dirige, a través de las conciencias inconscientes de los hombres, el desenvolvimiento lógico de las civilizaciones. Fue un progreso de sensaciones, o, antes, de maneras de tenerlas, y una evolución íntima de pensamientos derivados de tales sensaciones progresivas. Por una intuición sobre-humana, como aquellas que fundan religiones, pero a la que no ajusta bien el título de religiosa, dado que repugna toda religión y toda metafísica, este hombre describió [??] el mundo sin pensar en él, y creó un concepto del universo que no contiene una interpretación.[?]

Pensé, cuando primero me fue entregada la empresa de publicar estos libros, en hacer un largo estudio crítico y excursivo sobre la obra de Caeiro y su naturaleza y natural destino. No pude hacer, sin embargo, estudio alguno que me satisficiese.

Me pesa que la razón me compela a decir estas ningunas palabras (este poco de palabras) ante la obra de mi Maestro, de no poder escribir, de útil o de necesario, más de lo que digo, con el corazón, en la Oda (...) del Libro I, en la cual lloro al hombre que fue para mí, como llegará a ser para más que muchos, el revelador de la Realidad, o, como él mismo dijo, «el Argonauta de las sensaciones verdaderas»; el gran Libertador, que nos restituyó, cantando, a la nada luminosa que somos; que nos arrancó a la muerte y a la vida, dejándonos entre las cosas simples, que nada conocen, en su decurso, de vivir ni de morir; que nos libró de la esperanza y de la desesperanza, para que no nos consolemos sin razón ni nos entristezcamos sin causa; compañeros con él, sin pensar, de la necesidad objetiva del Universo.

Doy la obra, cuya edición me fue encomendada, al acaso fatal del mundo. La doy y digo:

¡Alegraos vosotros, todos vosotros que lloráis en la mayor de las dolencias de la Historia!

¡El gran Pan renació!

ESTA OBRA ENTERA ESTA DEDICADA
POR DESEO DEL PROPIO AUTOR
A LA MEMORIA DE
CESÁRIO VERDE.