Introduction to Alberto Caeiro's poems

[texto dactilografiado, tal vez 1917]

Ricardo Reis


Muerto el autor de estos poemas, y dejados ellos al abandono, me pidió aquella persona de su familia que tomó sobre sí el honesto encargo de imprimirlos, que les pusiese aquel prefacio que sólo yo –escribía- tal vez les pudiese poner. Grande fuera mi amistad, y mayor –porque mayor puede ser- mi admiración por el hombre maravilloso que creó estos poemas. Pero no accedí al convite que me fuera hecho sin que primero, a solas con mi reflexión, veces y veces dudase sobre si debía aceptar.

Al tener que escribir este prefacio tengo que decir en él cosas de tal orden que por cierto parecerán a los lectores desproporcionadas y fuera de lugar. Hablo de un desconocido, prefacio poemas en todos sus detalles diferentes de cuantos aquí se hayan escrito. Y, sin embargo, tengo que afirmar –porque otra cosa no puedo afirmar- que estos poemas son los mayores que el siglo veinte ha producido, que la visión filosófica que contienen no fue igualada por ningún poeta moderno, retrocediendo incluso, en este juicio, hasta el fecundo siglo anterior. Se resume en una cosa, aparentemente muy simple, la obra de Alberto Caeiro: la reconstrucción del sentimiento pagano.

Quien, como yo, estudioso de las cosas paganas en sus fuentes y orígenes, no puede sino reír del pseudopaganismo con que tantos modernos han intentado abrir su carrera en las letras, quien, como yo, reconoce la entera incapacidad para comprender el paganismo, que existe en aquellos –desde Chénier a Wilde- que más presuntuosamente quisieran darse por paganos, puede afirmar bien que estos poemas contienen todo lo que el paganismo tenía de pagano. Pero no puede esperar que los otros lo comprendan, porque nadie tiene hoy el sentimiento del paganismo tal como él fue. Tienen algunos, cuando mucho, el sentimiento de lo que el paganismo no fue.

Una cosa es, por ejemplo, la estatuaria griega, otra cosa el espíritu del que ella es un producto. Puede sentirse la estatuaria griega, pueden amarse los dioses helenos, sin que haya la mínima noción del espíritu que representan. El ejemplo de Oscar Wilde sirve más que cualquier otro. Wilde amó sin duda estas dos manifestaciones de lo antiguo. Nadie menos que Wilde sintió o supo lo que era el paganismo. Wilde, y tantos otros, tomaron el epicureísmo como suprema característica del pagano, cuando es el estoicismo el que máximamente lo representa. El paganismo era, en relación con el cristianismo, una religión triste, sí, profundamente triste.