[La religión: fenómeno social más representativo]

[texto dactilografiado, tal vez 1916]

Antonio Mora


Regreso de los dioses
Capítulo I


Definición del concepto de civilización. La civilización es un concepto determinado...

La religión como fenómeno social más representativo. Pruebas de que lo es.

No importa como la religión nace. Importa solamente lo que es.

Determinación del contenido del concepto de religión. La religión es la manifestación de una unidad de pensamiento. Es la fijación externa de aquel fondo en que todos concuerdan que están sometidos a condiciones civilizacionales idénticas. La religión expresa supremamente ese fondo común. Puede expresarlo porque siempre es difusa, dado que no es un fenómeno intelectual directo, porque es común a todas las clases sociales; porque abarca todas las manifestaciones de la vida social.


Una religión se manifiesta primordialmente, al análisis, como una metafísica, de la cual, como de todas las metafísicas, instintivas o conscientes, deriva una ética, una estética y una sociología, así como, coexistiendo con las realidades de la vida social, deriva de ella una determinada práctica social.

Determinación de las especies de metafísica que hay. La metafísica es un dualismo y un monismo: dualismo por el punto de partida, monismo por la dirección, por el propio sentido íntimo de ser una metafísica.

Son tres las maneras de encarar el dualismo monísticamente: colocar la Realidad en uno de los puntos, a exclusión total del otro; colocarla en uno de los puntos, siendo el otro real pero inferior; colocarla en un punto que está fuera de cualquiera de los dos.

En el primer campo, tenemos la doctrina que afirma que lo exterior es una ilusión, y real, y sólo real, el sujeto: es el idealismo, en sus diversas formas; y tenemos la doctrina que afirma que el sujeto es irreal: es el materialismo, propiamente dicho.

En el segundo campo, tenemos la doctrina que afirma ambos puntos reales, pero lo exterior sólo como pasajeramente real: es el dualismo subjetivista; y la doctrina contraria, que afirma el sujeto real, pero no perennemente, con la realidad del objeto: es el dualismo objetivista.

En el tercer campo, tenemos la doctrina que afirma irreales tanto al sujeto como al objeto, colocando la realidad verdadera fuera de ellos: es el trascendentalismo, propiamente.

Estas cinco teorías abarcan toda la metafísica, cuyos sistemas caben por fuerza en una u otra.

Si fuéramos a ver en que se manifiesta la metafísica en las religiones, veremos lo siguiente: que el sujeto, para cada sujeto, es dado como uno solo, porque cada cual, de directamente subjetivo, conoce apenas su propio espíritu; y que el objeto es dado por la multiplicidad de las cosas externas. Yo soy uno; el mundo es muchos: he ahí la forma fundamental del pensamiento.

Por eso vemos que una mentalidad colectiva de tipo subjetivista se expresará por el monoteísmo, mientras que el politeísmo será la expresión natural de una mentalidad colectiva de tipo objetivista.

¿Cómo nacen, sin embargo, estas mentalidades colectivas diferentes? ¿Qué hace ser subjetivista a una, objetivista a otra, mentalidad popular o general?

Partamos de nuestro propio estado de espíritu: ¿en qué ocasiones somos naturalmente subjetivistas, en qué ocasiones naturalmente objetivistas? Somos objetivistas, es claro, cuando aplicamos aquellas facultades del espíritu que nos relacionan con la realidad externa; somos subjetivistas cuando no empleamos esas facultades, lo que resulta, dado que la detención cerebral no existe en la vida, en la concentración sobre el propio espíritu. Las facultades que actúan sobre el exterior son la observación, por la cual conocemos ese mundo, la atención, por cuya aplicación lo conocemos competentemente, y la voluntad, por la cual actuamos sobre él. Las facultades que trabajan solo interiormente son la imaginación, por la cual sustituimos el exterior por un falso-exterior, cosas reales por cosas supuestas; la meditación, por la cual sustituimos cosas por pensamientos en la atención; y la inhibición, por la cual nos impedimos de tomar contacto con el exterior. (veremos que todas las religiones objetivistas […]) (la inhibición, por la cual sustituimos la acción sobre el mundo por la acción sobre nosotros).

El monoteísmo es una religión de decadencia, porque, mientras un individuo puede sin gran mal ser introvertido, un pueblo todo no puede serlo sin perder la noción verdadera del mundo y de la vida, la noción concreta de ellos, lo que da como resultado, como es evidente, la desadaptación y la decadencia.