[La desvalorización internacional de la nación portuguesa]

E n su sentido superior y profundo, la desvalorización internacional de la nación portuguesa deriva de tres factores conjugados (de la acción conjugada de tres factores): la incultura, general como profesional, del individuo portugués y sobre todo del individuo de las clases medias; la deficiencia de propaganda de Portugal en el extranjero; y la ausencia de consciencia superior de la nacionalidad.

Sería, tanto inútil como por demás extenso, procurar las causas de la existencia y concurrencia (acción concurrente) de estos tres factores. La causa fundamental, no hay duda, es la larga decadencia en que entramos desde el fin de la dinastía de Avis. Porque decaímos, decayeron paralelamente el individuo portugués y el Estado Portugués, administrado por esos individuos. Y, decayendo el individuo y el Estado, dejó de haber una consciencia superior de la nacionalidad y de los fines nacionales, porque un pueblo decadente, servido por un estado indiferente, no la puede tener; dejó de haber cultura general, porque ni el estado educaba, ni en los individuos había, por decadentes, el interés civilizado por la cultura; dejó de haber cultura profesional, porque, ausente el estímulo, de orgullo nacional, de competir con otras naciones, desaparecía la razón para el perfeccionamiento de cada uno en su profesión; y dejó de haber la necesaria propaganda de Portugal en el extranjero, porque, fallos de clases superiores internacionalmente prominentes, no teníamos la propaganda natural de su superioridad en las artes o en las ciencias, y, mal administrado el Estado, no iba a estarlo bien exclusivamente en la parte superior de la diplomacia, ni, fallo el orgullo nacional, había quien, individualmente, se ocupase de levantarlo ante el extranjero.

No ocupamos, ante la generalidad de la civilización, lugar más prominente, aun menos, que en el abismo de nuestra decadencia. Nuestro hombre de las clases medias –y las clases medias son el soporte de un país- es malamente culto, ignorante, profesionalmente instintivo o atado (profesionalmente en el comercio); la propaganda de nuestra tierra es descuidada por el estado, absorbido por políticos, por individuos, desnacionalizados e ineficaces, para todo cuanto no sea sus bajos intereses o los intereses superiores de su política inferior; y la invasión de las ideas extranjeras, pervirtiendo la propia sustancia del patriotismo que quedaba entre nosotros, nos privó de poder crear, no ya un orgullo nacional, sino una simple conciencia superior de nuestra nacionalidad.

En materia cultural, lo que se ha hecho es casi nada. Quien es culto entre nosotros, a sí mismo se cultiva, y la mayoría de las veces mal, casi siempre antinacionalmente. En materia de propaganda, la única institución creada para ese fin, la inepta Sociedad de Propaganda de Portugal, nada hace porque, siendo una especie de escol de incompetentes, nada sabe hacer. Y en materia de consciencia superior de la nacionalidad, la mayoría de los portugueses ni siquiera saben que eso existe.

Es necesario crear un organismo cultural capaz de sustituir al estado en estas funciones. No es necesario que tenga aspecto de potencia adentro de la Patria: basta que tenga la precisa noción superior de sus fines.

Debe esa organización apuntar a tres fines: (1) la creación de una actitud cultural en las clases medias, porque es en ellas donde asienta la vida nacional, y entre los comerciantes sobre todo, porque además de ser ellos la parte más fuerte de las clases medias, son su parte más representativa, dado el carácter comercial de nuestra época; (2) la creación de una propaganda ordenada y científica de Portugal en el extranjero; (3) la creación lenta y estudiada de una actitud de la que derive una noción de Portugal como persona espiritual.

[...]

Fernando Pessoa