[Las verdades de la fe]

[texto manuscrito, tal vez 1917]

Antonio Mora


Regreso de los Dioses

Es asunto legítimo de fe todo cuanto no puede ser probado (ni, es claro, refutado).

Es susceptible de prueba o refutación todo cuanto sea susceptible de caer bajo la acción ordenada de los sentidos, que constituye la ciencia. Hay tres especies de prueba: por observación matematizable (como la verdad astronómica), por observación repetible, o experimentación, como en la física, la química, la biología y la psicología, y por observación de comparación, como en las ciencias de clasificación (zoología, botánica), o históricas (confrontación de documentos).

Pero ciertos problemas, que son esenciales en la fe, no son susceptibles de prueba o refutación; no entran en ninguna categoría científica. Tales son, por ejemplo, la existencia de Dios, la inmortalidad del alma. El propio libre arbitrio (que repugna, no a la ciencia, sino a la filosofía científica o al espíritu científico) es im-probable e in- desprobable, puesto que, para probarlo, sería preciso estudiar desde afuera los motivos internos de la acción ajena, esto es, sería necesaria una introspección en otros, existir dentro de la auto-conciencia ajena.

Tales problemas pueden discutirse, inevitablemente con un raciocinio abstracto; pero la única conclusión a que se puede llegar, en una polémica de ese orden, es que el vencedor razona mejor que el vencido. Porque en razón nada se prueba en cuanto a verdad, porque nada se puede probar.

Sucede, sin embargo, que ese campo vedado a la ciencia es el más vasto de todos, y que las cosas adonde la ciencia no llega son exactamente las de más importancia para la vida, entre otras razones porque de ellas deriva la norma de conducta que seguimos.

El raciocinio es un mero instrumento. El raciocinio sirve para tres fines: (1) expresar lo que sentimos de modo convincente; (2) poner en orden los resultados de la experiencia de los sentidos; (3) […]

Si las «verdades» de la fe no son susceptibles de examen por los sentidos, esto es, por la ciencia; si tampoco son susceptibles de análisis por el raciocionio, que apenas puede probar la coherencia o incoherencia de los puntos de un sistema, ¿de dónde deriva que el hombre tenga esas verdades de la fe, por más fuertes, más firmes para él que las de la ciencia?


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