[Arte moderno, arte aristocrático]

[texto dactilografiado, tal vez 1916]


Qué ese arte no es hecho para el pueblo? Naturalmente que no: ni ese ni ningún arte verdadero. Todo arte que permanece es hecho para las aristocracias, para las elites, que es lo que queda en la historia de las sociedades, porque el pueblo pasa y su tarea es pasar.

Nuestro arte es supremamente aristocrático, además, porque un arte aristocrático se vuelve necesario en este otoño de la civilización europea, en que la democracia avanza a tal punto que, para de alguna manera reaccionar, nos incumbe, a nosotros artistas, poner entre la elite y el pueblo aquella barrera que él, el pueblo, nunca podrá transponer: la barrera de la excelencia emotiva y de la ideación transcendental, de la sensación refinada hasta la sutileza (...)

Nuestra civilización corre el riesgo de quedar sumergida como Grecia (Atenas) bajo la extensión de la democracia, de caer enteramente en manos de los esclavos, o entonces de quedar como Roma, no en manos de emperadores hijos del azar y de la decadencia, sino de grupos financieros sin patria, sin hogar en la inteligencia, sin escrúpulos intelectuales y sin causa en Dios. El único antídoto para esto es una lenta aristocratización. Es por el arte que, supremamente, esa aristocratización puede ser realizada.

Rayaba en el horizonte, ya desde antes de la guerra, la triste señal de la plebeyización de las elites. Danzas, espectáculos y otros desvíos semejantes del arte superior iban tomando volumen. Es necesario reaccionar contra esta corriente.

Después de la guerra, es de suponer que aumente el espíritu patriótico. Nada más innoble. Me reporto a las palabras sublimes de Goethe cuando habló de cuán poco se eleva el sentimiento patriótico hasta los parajes de aire puro y escaso donde viven los Superiores. Permítame que le recuerde aquel pasaje de las conversaciones con Eckermann en que el Maestro de Weimar registró esa idea.

Fernando Pessoa