[Whitman y Caeiro. El «objetivismo absoluto» del maestro]

[texto dactilografiado]


A primera vista, parece que algo de Whitman se halla presente en estos poemas. No tengo información respecto al conocimiento de lenguas extranjeras por parte de Caeiro, o de inglés y particularmente de Whitman; con todo, frente a esto y después de una lectura bastante superficial de los poemas, supongo que lo primero fue, en el mejor de los casos, muy poco importante y nulo en lo que respecta a los otros dos. Con todo, puede ser que, en un examen más atento, no haya realmente influencia de Whitman aquí. Hay, cuando mucho, ocasional coincidencia y la coincidencia es apenas de tono y más aparente, por tanto, que real. La diferencia esencial es enorme.

Los trazos comunes a los dos poetas son el amor a la Naturaleza y la simplicidad y asombrosa acuidad de sensación. Pero, mientras que Whitman extrae insistentemente de la Naturaleza significados transcendentales, no hay nada que pueda estar más alejado de esto que la actitud de Caeiro; es, sin duda alguna, la actitud exactamente opuesta. Y en tanto que las sensaciones de Whitman son inmensamente variadas e incluyen tanto las naturales como las artificiales y las metafísicas como las físicas, las de Caeiro excluyen persistentemente hasta incluso las cosas más «naturalmente artificiales» y son sólo metafísicas en aquel modo extremadamente peculiar y negativo que es una de las novedades de su actitud.

Más allá de eso, posee Caeiro una filosofía perfectamente definida y coherente. Puede no ser coherente en la palabra y en la frase como se podría desear de un filósofo; él, sin embargo, no es un filósofo, sino un poeta. Puede no ser coherente visto de fuera, pero se va tornando cada vez más coherente a medida que lo leemos, hasta que, en los poemas finales de El Guardador de Rebaños, toma una forma definida e inconfundible. Se trata de un objetivismo absoluto perfectamente definido: el más completo sistema de objetivismo absoluto que jamás tuvimos, sea de un filósofo, sea de un escritor. Hay filosofía en Whitman, pero es la filosofía de un poeta y no la de un pensador; y donde hay filosofía, no es de molde original, siendo original solamente el sentimiento. No así en Caeiro, en quien tanto el pensamiento como el sentimiento son enteramente nuevos.

Finalmente, aunque sean ambos «sensacionistas», el sensacionismo de Caeiro es de un tipo diferente del de Whitman. La diferencia, aunque parezca sutil y difícil de explicar, es no obstante completamente clara. Radica principalmente en esto: Caeiro toma un único objeto y lo ve claramente; incluso cuando parece verlo de un modo complejo, se descubrirá que se trata sólo de algunos medios de verlo todavía más claramente. Whitman se esfuerza por verlo, no claramente, sino profundamente. Caeiro ve solamente el objeto, luchando por separarlo tanto cuanto sea posible de todos los otros objetos y de todas las sensaciones o ideas que, por así decir, no hacen parte del propio objeto. Whitman hace exactamente lo contrario: lucha por ligar el objeto a todos los otros, a muchos otros, al alma, al Universo y a Dios.

Finalmente, los propios temperamentos de los dos poetas defieren. Incluso cuando piensa, el pensamiento de Whitman es una manera de su sentir, o absolutamente un modo, en el sentido decadente común. Incluso cuando siente, el sentimiento de Caeiro es un modo de su pensamiento.

Esta descripción de las diferencias de los dos podría ser indefinidamente prolongada. El violento sentimiento democrático de Whitman podría ser puesto en contraste con la aversión de Caeiro a cualquier especie de humanitarismo, el interés de Whitman por todas las cosas humanas, con la indiferencia de Caeiro a todo cuanto los hombres sienten, sufrimiento o placer.

Al final de cuentas y consideradas todas las cosas, cuando eliminamos la semejanza superficial derivada del carácter no rítmico de la poesía de los dos poetas, y la abstracta revuelta contra la civilización, se hallan agotadas las semejanzas entre ellos.

Más allá de eso, posee Whitman realmente un sentido del ritmo métrico; de naturaleza especial, pero existe. El ritmo de Caeiro prima notablemente por la ausencia. Es tan distintamente intelectual que los versos no tienen ninguna onda de sentimiento de la cual pueda derivarse su movimiento rítmico.

¿Cuál es finalmente el valor de Caeiro, su mensaje, como se acostumbra decir? No es difícil determinar. A un mundo sumergido en diversas especies de subjetivismos, trae el Objetivismo Absoluto, más absoluto que el que jamás tuvieron los objetivistas paganos. A un mundo supercivilizado, trae de nuevo la Naturaleza Absoluta. A un mundo inmerso en humanitarismos, en problemas obreros, en sociedades éticas, en movimientos sociales, trae un desprecio absoluto por el destino y por la vida del hombre, lo que, si se puede considerar excesivo, es por lo menos natural en él y un correctivo magnífico. Wordsworth había opuesto el hombre natural al artificial; el «hombre natural» es para Caeiro tan artificial como cualquier otra cosa, excepto la Naturaleza.

Nuestra primera impresión de Caeiro es que todos saben lo que él nos dice, que no hay, por tanto, necesidad de decirlo. Pero es la vieja historia del huevo de Colón. ¿Si todos saben eso, por qué es que nadie lo dijo? ¿Si no vale la pena decirlo, aunque sea verdadero, por qué todo poeta ha dicho lo contrario?

Fernando Pessoa


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