[Sensibilidad e inteligencia]

La utilización de la sensibilidad por la inteligencia se realiza de tres maneras:

El proceso clásico, que consiste en eliminar de la sensación o de la emoción todo lo que en ella es verdaderamente individual, extrayendo y exponiendo tan sólo lo que es universal.

El proceso romántico, que consiste en presentar la sensación individual tan nítida o vívidamente, que ella sea aceptada, no como cosa inteligible, sino como cosa sensible, por el lector, espectador u oyente.

Un tercer proceso, que consiste en dar a cada emoción o sensación una prolongación metafísica o racional, de suerte que lo que en ella, tal cual es dada, sea ininteligible gane inteligibilidad por la prolongación explicativa.

Supongamos que tengo una aversión íntima por el color verde y que quiero transformar esta aversión, que es una sensación, en expresión artística. Por el proceso clásico, procederé de la siguiente manera: (1) Recordaré que la aversión por el color verde es puramente individual, que, por tanto, no la puedo transmitir a otra persona, tal cual es; (2) deduciré que, así como tengo aversión por el color verde, otros tendrán aversión por otros colores; (3) traduciré mi aversión por el verde en aversión por “cierto color”, y cada uno que lea verá en la aversión así traducida el color particular al que le tiene aversión. Por el proceso romántico, buscaré poner tal horror en las frases con que expreso mi horror por el verde que el lector quede preso de la expresión del horror, olvidando precisamente en que se fundamenta. Se ve, pues, que el proceso romántico consiste en un tratamiento intensivo de los elementos expresivos en perjuicio de los elementos fundamentales de la sensación. Por el tercer proceso, expondré explícitamente mi aversión por el verde; y añadiré, por ejemplo, “es el color de las cosas nítidamente vivas que en poco tiempo han de morir”. El lector, aunque no colabore conmigo en mi aversión por el verde, comprenderá que se odie el verde por aquella razón.

Por el proceso clásico, se sacrifica lo más nuestro de la sensación o de la emoción en provecho de volverla comprensible. Sin embargo lo que volvemos comprensible es un resultado intelectual de ella. De ahí que la poesía clásica sea inteligible en todas las épocas, aunque en todas fría y lejana.

En mi fantasma Alberto Caeiro, me sirvo instintivamente del tercer proceso aquí indicado. Aun cuando parezca espontánea, cada sensación es explicada, aunque, para fingir una personalidad humana, la explicación sea velada en la mayoría de los casos.

Fernando Pessoa


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