[¡Sé plural como el Universo!]

[texto manuscrito, tal vez 1915]


No sé quién soy, qué alma tengo.

Cuando hablo con sinceridad no sé con qué sinceridad hablo. Soy diversamente otro que un yo que no sé si existe (si es esos otros).

Siento creencias que no tengo. Me absorben ansias que repudio. Mi constante atención sobre mí perpetuamente me apunta traiciones de alma a un carácter que tal vez no tenga, ni ella cree que yo tengo.

Me siento múltiple. Soy como un cuarto con innumerables espejos fantásticos que desvían hacia reflejos falsos una única realidad anterior que no está en ninguna y está en todas.

Como el panteísta se siente árbol y hasta flor, yo me siento varios seres. Me siento vivir vidas ajenas, en mí, incompletamente, como si mi ser participase de todos los hombres, incompletamente de cada uno, por una suma de no-yos sintetizados en un yo postizo.

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¡Sé plural como el universo!

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Siendo nosotros portugueses, conviene saber qué es lo que somos.

a) Adaptabilidad, que en lo mental produce la inestabilidad, y por lo tanto la diversificación del individuo dentro de sí mismo. El buen portugués es varias personas.

b) El predominio de la emoción sobre la pasión. Somos tiernos y poco intensos, al contrario de los españoles –nuestros absolutos contrarios– que son apasionados y fríos.

Nunca me siento tan portuguesamente yo como cuando me siento diferente de mí: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Fernando Pessoa, y cuantos más haya habidos o por haber.

Fernando Pessoa