[Tengo en la vida el interés de un descifrador de acertijos]

[texto manuscrito, tal vez 1914]


Pertenezco a una generación que todavía está por venir, cuya alma no conoce ya, realmente, la sinceridad y los sentimientos sociales. Por eso no comprendo cómo es que una criatura queda descalificada, ni cómo es que ella lo siente. Es hueca de sentido, para mí, toda esa (...) de las conveniencias sociales. No siento lo que es honra, vergüenza, dignidad. Son para mí, como para los de mi alto nivel nervioso, palabras de una lengua extranjera, apenas como un sonido anónimo.

Al decir que me descalificaron, sólo percibo se habla de mí, pero el sentido de la frase se me escapa. Asisto a lo que me acontece, de lejos, desprendidamente, sonriendo ligeramente de las cosas que acontecen en la vida. Hoy, todavía nadie siente esto; pero un día vendrá quien lo pueda percibir.

Procuré siempre ser espectador de la vida, sin mezclarme en ella. Así, a esto que sucede conmigo, asisto como un extraño; salvo que extraigo de los pobres acontecimientos que me rodean la suave voluptuosidad de (...)

No guardo ningún rencor a quien provocó esto. Yo no tengo rencores ni odios. Esos sentimientos pertenecen a los que tienen una opinión, o una profesión o un objetivo en la vida. Yo no tengo nada de eso. Tengo en la vida el interés de un descifrador de acertijos.

Ciertamente no tengo principios. Hoy defiendo una cosa, mañana otra. Pero no creo en la que defiendo hoy, ni tendré fe en la que defenderé mañana. Jugar con las ideas y con los sentimientos siempre me pareció destino supremamente bello. Intento realizarlo cuanto puedo.

Nunca me había sentido descalificado. ¡Cómo agradecerle haberme otorgado ese placer! Es una voluptuosidad suave, como lejana...

No nos entienden, bien sé...

... Así como creador de anarquías me pareció siempre papel digno de un intelectual (dado que la inteligencia desintegra y el análisis debilita).

Fernando Pessoa