Crónicas de la vida que pasa [IV]

Notas publicadas por Fernando Pessoa en la columna «Crónicas de la vida que pasa» de «O Jornal»


Columna del 15/04/1915

E n Rusia –al contrario de lo que se ha dicho– continúan las persecuciones políticas. Acaba de ser ahorcado, por traidor, el coronel ruso Miasoyedoff. Se probó, en efecto, que era traidor. Estaba vendido a los alemanes, a quienes enteraba de los planes militares... ¿Entonces en qué es esto una persecución política?

No nos dejemos sugestionar sino por la verdad. Examinemos en qué consiste una traición.

Un traidor es simplemente un individualista. La traición, lejos de ser un acto condenable, no es más que una opinión política, filosófica incluso, como en el fondo lo son todas las opiniones políticas.

La guerra es una sustitución, en la moral y en la acción, del criterio inhibitivo por el criterio expansivo. Toda vida social, normalmente, se rige por principios que tienen como base la inhibición de la acción de los instintos, de modo que ellos no perjudiquen a los otros. En la guerra sucede lo contrario. Allí los individuos son, organizadamente, desencadenados. El fondo humano de violencia y combatividad aparece. Pasa a ser legítima la solución animal de las cuestiones. Actúa sólo el egoísmo absoluto, la lucha por la vida, descarnadamente. Sólo se trata de perjudicar a los otros.

Ahora bien, un traidor es una criatura que, por dinero u otro interés personal, compromete los intereses de la patria. Esto es, sigue un criterio egoísta, sigue el instinto del lucro, del interés personal. Y esto viene a ser servirse precisamente de la misma moral que la guerra.

Su divergencia está en que da a esa moral una interpretación individualista, mientras que la interpretación común es solidarista. Es una cuestión de política o de filosofía. Ahora, no se debe matar a una criatura a causa de sus opiniones filosóficas.

Pero, dirá un incauto, la traición, sea lo que fuere, compromete a la patria, a la colectividad; es un peligro enorme, que no se puede tratar ligeramente. En ese caso deberían ser ahorcados, como Miasoyedoff, los estadistas que lanzan un país a una guerra de la que no salga vencedor. Esos comprometen toda la patria, de una sola vez, y no se puede decir, como del traidor, que lo hacen por una interpretación filosófica de la guerra, diversa de la interpretación corriente. Lo hacen utilizando la interpretación corriente, lo que es mucho más hábil, pero, por eso mismo, mucho más inmoral.

Fernando Pessoa